La caricatura, el arte de comunicar con el humor

Es habitual encontrarse a artistas de caricatura en los principales centros urbanos de las grandes ciudades. Estos profesionales del dibujo, especializados en el arte de caricaturizar el aspecto de famosos y viandantes, no solo ofrecen sus servicios a pie de calle en muchos casos, sino también en sus estudios o en las oficinas de importantes empresas de comunicación. Sus obras son tan cotizadas y valoradas como cualquier otro tipo de expresión artística de la pintura y el dibujo, pero con la plusvalía de contar una historia desde la sátira.

Y es que las caricaturas son mucho más que un dibujo simpático o un punto de vista sarcástico sobre un personaje o una situación social determinada. Esta forma de representar la realidad tiene sus orígenes en culturas tan antiguas como la Mesopotámica, la precolombina o la egipcia, incluso floreció en las culturas griega y romana llenando cerámicas, frescos y estatuillas. Ha conquistado todo el mundo y en su continuo proceso de evolución han dado lugar a diferentes géneros como, por ejemplo: Historietas, novelas gráficas, tiras cómicas, manga, chistes visuales, webcómic o incluso webseries. Además, las caricaturas además de un dibujo distorsionado o exagerado del arte del retrato son el origen del cómic y la animación.

Caricaturizar como forma de expresión social

Un caricaturista puede utilizar sus creaciones para representar a una persona en concreto, resaltando sus características más evidentes, o puede dibujar una determinada situación de forma que llame la atención sobre ella, pero también puede usar la caricatura como arma política y social, además de su uso costumbrista, festivo, fantástico y retratista. Se trata de arte que describe a la sociedad en determinada época y expone en detalle cómo se viste la gente, quiénes son los personajes públicos, etc. además, cumple con la función de mostrar hechos históricos y sociales a modo de crónica o historieta puntual. Esta capacidad convierte al profesional de lo caricaturesco en un agente social importante.

Por medio de estos dibujos satíricos se puede denunciar la corrupción de un personaje público, una institución o todo un país. También se puede poner de manifiesto una situación de injusticia social, o requerir el cumplimiento de una serie de derechos de los ciudadanos. Es un arte popular que puede llegar más fácilmente a la opinión pública para despertar conciencias.

Por otro lado, grandes artistas han hecho de la caricatura su lenguaje preferido precisamente por su poder comunicativo y simbólicamente de protesta y anticonformista. Al contrario, esta se sumerge en lo profundo de los vicios que aquejan a cualquier ser humano y dependiendo el contexto serán denominados. Un claro ejemplo de ello es el gran pintor El Bosco con su famosa obra “El jardín de las delicias” en la cual exaltaba las zonas más oscuras de la mente humana usando hipérboles de figuras zoomorfas y antropomorfas en actos zoofílicos, manifestando así una realidad inversa, que cambia el orden de las cosas, mostrándola contradictoria y grotesca, pero a la vez necesaria para evidenciar la verdad fortaleciendo así el sentido moral.

Pero aparte de este gran artista, lo caricaturesco está presente en casi todas las facetas de la vida y en todas las artes, pues también ha sido importante para la música y el cine y recientemente para el arte digital. Es evidente que en una sociedad cada vez más digitalizada todo acaba pasando por la tecnología si quiere subsistir.

No obstante, volviendo a la caricatura como retrato, en toda obra que se precie y por muy exagerado, desproporcionado o descontextualizado que sea un dibujo, siempre ha de ser reconocible e identificable el personaje. La versión humorística del retrato de una persona ha de mantener siempre la esencia del mismo y ahí es donde los verdaderos artistas destacan.

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