Emprender y hacer deporte

El pasado sábado día 13 de septiembre tuve la oportunidad de participar en la carrera popular La Melonera. 10 kilómetros rodeando, en su mayor parte, el río Manzanares por los dos lados; por cierto que ahora, en algunos tramos, sí que es un río de ciudad como debe ser con zonas con un cauce de hasta veinte metros.

Trofeo Hipercor la Melonera

El caso es que, después de casi un así año sin correr una popular acabé la carrera satisfecho, no muy cansado y con algunas reflexiones interesantes en mi cabeza: 52 y 29 segundo dan para pensar mucho.

Ya sabemos aquello de mens sana in  corpore sano. Y esto de hacer deporte para emprender mejor es muy importante, yo diría vital. Ya no sólo porque un buen estado físico y de salud ayuda a descansar mejor y pensar con más claridad, sino porque también nos acostumbramos a enfrentarnos a retos y a trabajar, como cuando en los últimos kilómetros de una carrera aún te esfuerzas para mejorar tu marca, y lo logras. Y eso se puede aplicar, sin necesidad de ser competitivo ni molestar a los demás, a la vida diaria.

Acabé la carrera, como digo, satisfecho; con la lengua en su sitio, sin arrastrarla por el suelo y con aliento suficiente para pedir mi mochila en el ropero con dignidad. Eso sí, sudando a chorros. Como se nota cuando se deja el deporte un tiempo, al volver, el cuerpo parece que expulsa todas las toxinas acumuladas.

El caso es que estuve hidratándome un poco y viendo la entrega de trofeos. La popular masculina y la femenina la ganaron dos veteranos por delante de los senior, con algo más de 32 minutos en el caso de los chicos y 40 minutos y algunos segundos en el caso de las chicas.

Y allí estaba yo, en mi ciudad, en la Arganzuela, de pie, disfrutando del momento cuando se me acercó un colega corredor con el que en la salida había intercambiado algunas palabras y nos pusimos a darle al palique: que si vaya cuestecita, que mira que hay gente este año, que si te acuerdas del antiguo recorrido, que vaya chavala guapa, en fin, comentarios de todo tipo para amenizar el momento.

Acabado el evento, como los dos llevábamos el mismo destino —de vuelta a Méndez Alvaro— echamos a andar saboreando los geles de glucosa y cola que nos habían dado con la camiseta y demás.

Así hablando, le dije que al día siguiente no iba a mover un sólo dedo; me iba a tirar todo el día tumbado, como mucho estirar y que me tomaría un par de cervezas para atenuar un poco las agujetas. Alonso, que así se llama mi compañero de fatigas —nunca mejor dicho— me respondió: «yo sí que tengo que descansar, que mañana me toca la Elipa». «¿Te refieres a la carrera?»—le respondí con una pregunta. Asintió con la cabeza y me quedé asombrado: terminar la Melonera a la siete de la tarde y mañana a las nueve, algo más de doce horas después, otros diez kilómetros. Lo potente de todo esto es que no veía ningún atisbo de cansancio en Alonso. Estaba pletórico, emocionado. Si fuera por él, hubiera empezado a correr en aquel mismo momento.

Por eso decía antes que lo de hacer deporte tiene su eco en cualquier ámbito de nuestra vida. Trasladad el entusiasmo de Alonso a cualquier faceta de vuestro día a día y todo se afronta mejor. Alonso era una prueba de ello: había terminado la Melonera en menos de una hora tras un viaje desde Manzanares (Ciudad Real) por la mañana; descansaría unas horas y al día siguiente otros diez kilómetros para luego, vía autocar, volverse a la Mancha. Y lo mejor y más especial de todo: con 71 años.

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