Ser presidente de una comunidad y no morir en el intento

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A veces nos quejamos de nuestros gobernantes porque no lo hacen todo lo bien que debieran, pero asumir la responsabilidad de dirigir una gran comunidad tiene sus complicaciones; que me lo digan a mí, que por eso de que trabajo en casa y “estoy todo el día disponible”, me han hecho presidente de la comunidad de vecinos para este nuevo curso.

No se ve la televisión

Instaladores de antenasEl primer problema al que te enfrentas cuando eres presidente de una comunidad es la herencia del anterior presidente: cosas sin terminar, reparaciones pendientes de ejecutarse y otras incidencias como la de que algunos vecinos no ven todos los canales de televisión. Tras comprobar que entre esos canales no se encontraban BeIN Sports y canales de pago similares, llamamos a unos instaladores de antenas para que echaran un vistazo a toda la instalación. Nos hicieron un presupuesto, hice varias fotocopias del mismo, las introduje en el buzón de cada vecino y vecina y convoqué una reunión.

Los ajustes en las antenas y la sustitución de algunas piezas no supusieron un gran coste, y divididos entre ocho vecinos más un local, ningún vecino puso objeción, se realizó el trabajo y se pago religiosamente.

Averías de urgencia

Sin experiencia en esto de presidir “esta nuestra comunidad”, pues me encontré con una avería de urgencia: una tubería interna que se había roto y, desgraciadamente, calaba (¡y cuánto!) en la pared de uno de los vecinos y el goterón llegaba a las dimensiones del cuadro del Guernica en el Reina Sofía.

FontanerosComo los vecinos y su bienestar son lo primero, me hice con la agenda de teléfonos que el anterior presidente me había dejado y busqué a unos buenos fontaneros para solucionar el problema. Ipso facto acudieron al lugar. Les comenté que si podían darme presupuesto, pero la pared del vecino se hacía merengue y el propietario me urgía a que lo solucionara cuanto antes. «Pónganse a trabajar, por favor», les dije al equipo de fontaneros.

El caso es que sabían más o menos donde estaba localizado el problema (una bajante), pero no la forma de abordarlo. Hasta que, finalmente, decidieron que había que agujerear la pared del vecino para poder trabajar en la tubería rota. Lo hicieron, descubrieron un potente chorro de agua que salía a presión por una grieta, la cerraron y me comunicaron que lo siguiente sería cerrar el hueco, lo que incluía albañilería y pintura. Y me preguntaron: «¿Tiene la comunidad un seguro que cubra esto?». Antes de que pudiera contestar, mi vecino me interrumpió: «Yo esto no lo pago?». El caso es que nuestro seguro comunitario cubría la reparación de la tubería, pero no la pequeña obra que había que realizar en la pared del vecino. Y éste, por su parte, me comunicó que tenía un seguro mínimo que no cubría es tipo de daños. ¿Solución? Tenía que presupuestar al vecindario mi primera gran derrama.

Reunión de vecinosConvoqué la reunión y, desde luego, no fue como la primera para solucionar el tema de las antenas. La factura de los fontaneros estaba aumentada por el trabajo de urgencia y superaba mis expectativas y, como comprobé, la de los vecinos: a unos les parecía exagerada para ocho horas de trabajo; y otros, aunque no lo decían, no tenían el bolsillo para gastos. El caso es que me costó Dios y ayuda poder pagar ese presupuesto; incluso tuve que aceptar pagos de vecinos por plazos.

Las relaciones con los vecinos

Ser presidente de una comunidad de vecinos lo cambia todo, sobre todo porque mi amable vecindario ya no me mira igual: me exige, me pregunta por todo y cree que tengo soluciones para cualquier problema en un santiamén y a coste cero. Y, sobre todo, no perdonan las derramas.